Baja inversión en medicamentos, la constante en hospitales de El Alto en pandemia

Karen Gil

Una revisión de los procesos de licitación en el Sicoes revela baja inversión en medicamentos e insumos médicos durante los dos primeros años del COVID-19, lo que derivó en complicaciones para la atención de los pacientes, un mal que aún es latente. En el caso de los hospitales de segundo nivel, el Corea y el Boliviano Holandés, no se encontraron compras mayores a Bs 20.000; mientras, en el Hospital del Norte (de tercer nivel) se atribuyen las deficiencias a que en los primeros meses de la crisis sanitaria era prácticamente imposible la importación de insumos.

Edición 67. Miércoles 31 de agosto de 2022.

La sala de la unidad de terapia intensiva (UTI) del Hospital del Norte, de la ciudad de El Alto, funciona con relativa tranquilidad, con seis pacientes de distintas patologías y solo uno con COVID-19, aislado en una habitación. Esta escena es muy distinta a la que se vivió en el primer año de la pandemia: enfermeras dándose modos para atender a los 15 pacientes que podían albergar esas instalaciones, todos con coronavirus; médicos intensivistas ajetreados suministrando oxígeno y medicamentos, si es que había; el resto del personal explicando a familiares de otros enfermos que no quedaba espacio para atenderlos.

Este hospital de tercer nivel, creado en 2015, se volvió un referente para tratar el coronavirus en el departamento de La Paz. Al inicio de la pandemia, el nosocomio se organizó para brindar cuidados mínimos, intermedios y críticos; sin embargo, este apenas contaba con ocho camas habilitadas en terapia intensiva, las cuales no daban abasto a la cantidad de pacientes en estado crítico de las ciudades de La Paz y El Alto.

El médico intensivista del hospital, Antonio Virruez, recuerda que, ante la crisis sanitaria, la Agencia de Infraestructura en Salud y Equipamiento Médico (AISEM) —dependiente del Ministerio de Salud, y con donación del Banco Mundial— dotó de equipos especializados (como respiradores y ventiladores) y contrató a personal transitorio para ampliar el servicio a 15 camas.

Si bien esta cantidad ayudó a paliar las necesidades de atención, no fue suficiente para hacer frente a la gran demanda de camas en terapia intensiva, principalmente en la primera y segunda ola de la pandemia, tiempo en que se registró alta mortalidad. El intensivista explica que lo ideal es que un hospital de tercer nivel tenga una cama UTI por cada 100 mil habitantes.

La ausencia de insumos y equipos no solo se sintió en la UTI, sino en todo el nosocomio. La subdirectora de Cuidados de Enfermería del hospital, Graciela Quispe, rememora que no se tenían insumos para los pacientes con COVID-19 ni insumos o indumentaria adecuada para el personal. “Han sido momentos críticos, y de a poco el personal se ha fortalecido con las donaciones de organizaciones no gubernamentales”, cuenta.

UTI del Hospital del Norte. Foto Catalina Ulloa.

Refuerzo ante las bajas

Otro de los problemas recurrentes en este y en otros hospitales del país es la falta de personal médico y de enfermería especializado; empero, esta situación se intensificó en la primera ola de la pandemia debido a las bajas por enfermedad, y a que el gobierno transitorio replegó a personas mayores de 60 años o con enfermedades de base. Las medidas mermaron al personal en el Hospital del Norte y fue a través de los contratos AISEM que, desde mediados de 2020, se niveló este desfase y se reforzó la UTI; sin embargo, los contratos prescribieron en marzo de este año. Por ello, en el caso de la UTI para adultos, y pese a que se cuenta con 15 camas, actualmente solo funcionan ocho.

El refuerzo logró que el hospital atendiera a más de 1.500 pacientes por año, entre 2020 y 2021.  Desde el año pasado este nosocomio, como el resto en el país, ya no es exclusivo para covid-19, sino que ofrece atención mixta.

Falta de medicamentos e insumos

Al igual que los dos hospitales municipales de segundo nivel que atendieron a pacientes con covid-19, el Hospital del Norte sintió los efectos de la carencia de medicamentos, siendo este otro de sus principales problemas además de la falta de personal.

En una revisión de 33 licitaciones en el Sistema de Contrataciones Estatales (Sicoes) –que realizó La Brava– se encontró que, entre marzo de 2020 y diciembre de 2021, el Hospital del Norte invirtió 3.543.929 bolivianos. Del total, el 80% se destinó a medicamentos e insumos: de los cuales el 55% se invirtió en oxígeno y el 11% en medicamentos, principalmente para la UTI.

El acceso a esta información es resultado de una sistematización realizada de marzo de 2020 a enero de 2022 por el colectivo de cientistas sociales e ingenieros informáticos de Lab TecnoSocial, que reunió más de 3.500 fichas de objetos de contratación. Para la clasificación se usaron palabras clave como “covid”, “coronavirus”, “oxígeno”, “barbijo”, “gel, “pandemia” y “alcohol”.

El subdirector de Atención de Salud y jefe médico del hospital, Javier Mamani, explica que en algunos momentos de la primera y segunda ola el hospital colapsó. “(Durante la primera ola) hemos tenido que rechazar pacientes porque no teníamos el espacio necesario. En la segunda ola teníamos el espacio, teníamos las máquinas y el personal, pero no había medicamentos”, dice el galeno.

Mamani resalta que el problema de la falta de fármacos se debió a que, aunque el hospital tenía recursos, no era posible adquirirlos ni en los laboratorios ni a través de las importadoras. “Prácticamente la gente moría porque no había medicamentos”, afirma.

Ante el resultado de los datos analizados, las autoridades del hospital explican que se hicieron compras importantes dentro de la partida de “medicamentos, reactivos y otros insumos”: en 2020, Bs 9.075.063,49 y en 2021, Bs 8.096.141,66. En esta partida se incluyen fármacos, oxígeno, insumos médicos y de enfermería, entre otros. De hecho, afirman que en el nosocomio no tuvieron problema de abastecimiento de oxígeno cuando en agosto de 2021 –debido a las protestas sociales derivadas de la crisis política– los caminos del eje troncal permanecieron bloqueados afectando a la mayoría de los centros de salud.

Área Covid-19 en UTI del Hospital del Norte . Foto: Karen Gil.

Consultados acerca del porqué el Sicoes reporta solo un poco más de 2,7 millones de bolivianos invertidos en medicamentos durante dos años, argumentan que —además de la carencia de estos productos en el mercado—las licitaciones registradas en el sistema son de montos mayores a 20.000 bolivianos y que, en su caso, muchas de las adquisiciones se hicieron con la modalidad de compras menores.

“Se tenía que garantizar la rapidez. En 2020 había urgencia por comprar; nos jugó en contra que la importación ha sido lenta. En los centros médicos se dan compras menores porque los ANPE (modalidad de apoyo nacional a la producción y empleo, que son licitaciones mayores de Bs 50.000) se declaran desiertos y se hacen compras menores”, explica el responsable de Presupuesto del Hospital del Norte, Marcelo Zegarra.

En cada piso del Hospital del Norte hay un área Covid. Foto: Catalina Ulloa.

Para el exministro de Salud y especialista en salud pública Guillermo Cuentas, el modelo de gestión sanitaria en el país (del que forman parte las adquisiciones que pasan por el Sicoes) es burocrático y obsoleto, lo que repercute en la atención.

“La forma de adquirir insumos y bienes es burocracia pura. Puede pasar tres o cuatro meses para adquirir un insumo que era necesario una semana antes. Tenemos el modelo más burocrático de Latinoamérica. Yo creo que inclusive Perú tiene un modelo más ágil, es más eficiente y la descentralización es mayor, lo que hace que tengan mayor autonomía”, apunta.

Bajo presupuesto para los medicamentos

La directora de esta entidad, Nadia Apaza, afirma que, si bien el hospital invirtió millones en medicamentos e insumos, la partida para estos productos sigue siendo insuficiente. Asimismo, resalta que gracias a donaciones se obtuvo un valor mayor a los 10 millones de bolivianos en medicamentos, que ayudó a cubrir la demanda.

“Nuestra partida es insuficiente para atender a toda la población. Nosotros vamos recibiendo de la CEAS (Central de Abastecimiento y Suministros de Salud) medicamentos del SUS (Sistema Universal de Salud) y medicamentos para covid-19 en calidad de donación (por un monto) que asciende los 10 y 15 millones (de bolivianos). Si hablamos del techo presupuestario que tenemos actualmente, tendríamos un déficit de ese monto si estos medicamentos no ingresaran en calidad de donación”, asevera.

Apaza añade que ese problema es aún latente, por lo que hicieron las gestiones correspondientes en el Ministerio de Salud para que se vea la posibilidad de incrementar su techo presupuestario en los siguientes años, a fin de garantizar los insumos médicos que requiere la población.

Ausencia de compras mayores de medicamentos en hospitales de segundo nivel

A partir del análisis en el Sicoes, también se encontraron ocho licitaciones que realizó el Gobierno Autónomo Municipal de El Alto (GAMEA) entre marzo de 2020 y diciembre de 2021, dirigidas a fortalecer dos hospitales de segundo nivel de El Alto: el Boliviano Holandés y el Corea. El total de los procesos suma Bs 701.076,50 de los cuales el 81% se destinó al primer nosocomio, mientras que solo 19% se destinó al segundo.

En el análisis solo se detectaron inversiones en 2021 (de julio a diciembre) y no en 2020, año de la llegada de la pandemia al país, con una explosión de casos, de decesos y una población sin inmunizar. Además, no se encontró inversión para estos nosocomios dependientes de la Alcaldía ni de los mismos hospitales. En el primer caso, podría deberse a que en las inversiones realizadas por la comuna no emplearon las palabras claves con las que se realizó el rastreo.

Respecto al último hallazgo, el secretario municipal de Salud del GAMEA, Saúl Calderón, asegura que dicha situación se arrastra desde gestiones anteriores. Dice, además, que se encontraron con varias deudas y que en los últimos años no se realizaron compras mayores a 20.000 bolivianos.

“Se le ha dado muy poco interés a la dotación de medicamentos porque desde hace más de un año y medio no se ve ninguna compra significativa para la dotación de medicamentos en el Boliviano Holandés, donde tenemos mayores problemas”, explica.

Para Cuentas, la pandemia no solo ha develado la fragilidad del sistema sanitario del país, en general, sino que ha demostrado, en particular, que los gobiernos municipales –que están a cargo de los hospitales de segundo nivel desde 1994– se aplazaron. Lo mismo en el caso de las gobernaciones, a las que, a partir de la aprobación de la Ley Andrés Ibáñez en 2010, se les transfiere la administración de los nosocomios de tercer nivel.

“La pandemia encuentra que, en 25 años, ningún municipio había realizado las tareas que estaban encomendadas en la Ley de Participación Popular (de 1994)”, sostiene. Asimismo, explica que, en el caso de El Alto, que tiene cerca de un millón de habitantes, deberían operar al menos 10 hospitales de segundo nivel de competencia municipal y cuatro hospitales de tercer nivel.

Calderón coincide con Cuentas, pero asegura que desde el año pasado se están haciendo “grandes” inversiones. Dice que se destinaron 13 millones de bolivianos al programa dedicado a fortalecer los hospitales de segundo nivel.

El Hospital Boliviano Holandés y la imposibilidad de compras de medicamentos

Hospital Boliviano Holandés. Foto: Catalina Ulloa.

Un paciente en situación crítica cayó muerto en las puertas del Hospital Boliviano Holandés una mañana de los primeros meses de la pandemia. “La gente de alrededor no quería ni tocarlo”, recuerda el director de Calidad de la institución, Marco Antonio Aguilar.

Debido a la alta demanda, este hospital –que tenía la categoría verde durante la crisis sanitaria– habilitó en septiembre de 2020 un área covid compuesta de 12 camas de unidad de terapia intermedia. Para ello se requirió de personal médico, de enfermería, de limpieza, laboratorio y rayos X. Al igual que en el Hospital del Norte, se hicieron contrataciones a partir de los mecanismos Aisem, además de los ítems otorgados por el Ministerio de Salud y de contratos realizados por el GAMEA. Esta área operó hasta diciembre del año pasado, cuando bajó la demanda de pacientes con covid-19.

Pero los problemas de personal continúan. La directora del Hospital Holandés, Corina Rocha, explica que, por ejemplo, hay áreas donde una sola enfermera atiende a 15 pacientes, cuando lo ideal es que una se haga cargo de seis. Otra dificultad que se arrastra en el centro de salud es la falta de medicamentos. Rocha informa que tanto en los dos primeros años de la pandemia como en este año sufren por el desabastecimiento de fármacos. Hasta inicios de agosto, el déficit llegó al 40%, lamenta.

El presupuesto del Hospital Boliviano Holandés es de 37.372.896 bolivianos; sin embargo, hasta junio de 2022 solo se ejecutaron 5.515.424 (el 15% del total), y, precisamente, esta baja ejecución desabastece su farmacia. Según los datos del gobierno municipal, en 2020 se ejecutó el 54% y en 2021, el 74%.

“El hospital no tiene fama de buen pagador porque los procesos administrativos son muy largos; las empresas no se presentan a las licitaciones. Entonces, se declaran desiertas y hay que volver a iniciar el proceso, y mientras tanto estamos desabastecidos”, explica Rocha.

Ante esta situación, el secretario municipal de Salud del GAMEA dice que estos problemas se arrastran desde la gestión anterior, pues no se atendían ni la más mínima necesidad, ni siquiera de la dotación de insumos de limpieza. Sin embargo, compromete que se hará “una gran inversión en medicamentos”.

Gestión lenta de la Alcaldía alteña

Al ser de segundo nivel, el Hospital Boliviano Holandés depende del Gobierno Municipal de El Alto, el cual, a través de una dirección administrativa desconcentrada, se encarga de su gestión. No obstante, esta no ha logrado cubrir de forma oportuna las necesidades de este centro de salud ni en la primera etapa de la pandemia ni en la actualidad.

En los ocho meses de este 2022 se cambió cuatro veces de administrador, lo que hace que en muchos casos se deban empezar de cero las compras de medicamentos y se paralicen los procesos de mantenimiento de equipamiento e infraestructura.

“Tenemos 15 máquinas de hemodiálisis de las cuales 10 están sin operar por falta de mantenimiento. En el área de neonatología solo funciona uno de los cuatro ventiladores; su arreglo no supera los 20 mil bolivianos (…). El trámite para hacer el mantenimiento es engorroso”, afirma la directora.

Al respecto, el Secretario Municipal de Salud asegura que comprarán equipos de hemodiálisis y de terapia intensiva para niños y adultos a través de un presupuesto adicional del GAMEA.

La falta de mantenimiento de la infraestructura es clara con solo caminar por sus instalaciones, por ejemplo, el tumbado del primer piso tiene filtraciones. “Cualquier rato esto se puede caer”, reconoce el director de Calidad del hospital, Marco Antonio Aguilar.

Calderón admite los inconvenientes derivados de los cambios de administradores y arguye que estos se debieron a que ninguno de los tres anteriores hizo un trabajo eficiente. “Hoy estamos con un administrador que está dándole fuerza para equilibrar (esta situación)”, asegura.

Adelanta, además, que se prepara una evaluación de la dirección administrativa del hospital, que es desconcentrada. Asimismo, dice que la secretaría a su cargo asesorará directamente y ayudará a armar las carpetas necesarias para la ejecución de su presupuesto.

Hospital Corea y su problema de mantenimiento

Emergencia en el Hospital Corea. Fotos: Catalina Ulloa.

La sala de rayos X del Hospital Corea se convirtió, desde mediados del año pasado, en una suerte de depósito de equipos en desuso por falta de mantenimiento: en un sector se halla el aparato de radiología oficial y otro que estaba en neonatología que ya no funcionan, los que comparten espacio con recogedores de basura y escobas.

En los dos primeros años de la pandemia este hospital atendió a pacientes positivos para covid-19 con síntomas leves, y actualmente es un hospital mixto.  

“Tenemos muchas deficiencias porque la Alcaldía no nos da una solución”, dice el subdirector, Rodny Iriarte. La autoridad médica explica que, si bien la situación del Hospital Corea está bien, dado que, por ejemplo, no sufre de desabastecimiento de medicamentos, tiene inconvenientes debido a los cambios en la gestión administrativa.

Subdirector del Hospital Corea, Rodny Iriarte.

“En este año nos han cambiado (desde el GAMEA) tres administradores. Ahora tenemos uno que le está poniendo esfuerzo, pero el problema no es de la persona sino del sistema. Eso va a tener que repercutir en algo”, advierte.

Uno de esos problemas es que, pese a que su nueva infraestructura ya está equipada, aún no está habilitada. La respuesta del Secretario de Salud es que se está completando toda la documentación que no se preparó con anterioridad, y asegura que cuando esta esté lista la nueva infraestructura podrá ser habilitada.

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Editora invitada: Patricia Cusicanqui.

Fotografías: Catalina Ulloa.

Infografías: Rocío Condori.


*Este reportaje fue elaborado gracias a los datos obtenidos de la plataforma «Contratos Abiertos Bolivia» desarrollado por el Lab TecnoSocial.



Karen Gil es periodista de investigación, especializada en temas relacionados a derechos humanos, esencialmente, de las mujeres y pueblos indígenas.  Es autora del documental «Detrás del TIPNIS» (2012), del libro «Tengo Otros Sueños» (2018) y coautora de «Días de Furia» (2020). Ganó el premio nacional periodismo de la APLP, en su categoría digital (2016).
Karen Gil es periodista de investigación, especializada en temas relacionados a derechos humanos, esencialmente, de las mujeres y pueblos indígenas. Es autora del documental «Detrás del TIPNIS» (2012), del libro «Tengo Otros Sueños» (2018) y coautora de «Días de Furia» (2020). Ganó el premio nacional periodismo de la APLP, en su categoría digital (2016).