Mujeres organizadas apuestan por la apicultura para con el fin de diversificar sus ingresos, que principalmente depende de la comercialización de la coca. Esta actividad abre la posibilidad de dinamizar las economías productivas, aunque el reto, aún, es el acceso a mercados que permitan consolidar la producción de miel.
Edición 171. Lunes, 13 de abril de 2026
El humo blanco que sale de un ahumador de abejas anuncia que Fátima Zabala está lista. Antes de acercarse a los cajones donde zumban las diminutas criaturas se coloca un traje blanco mientras mastica coca, un ritual breve, casi automático. Ella es una de las 17 mujeres de la comunidad de Tocaña, los Yungas, que iniciaron la producción de miel como una alternativa para generar ingresos y disminuir la dependencia del monocultivo de la coca.
A dos horas de viaje desde la ciudad de La Paz, Tocaña —ubicada en el municipio de Coroico, provincia Nor Yungas— combina tradición agrícola con nuevas apuestas productivas. En esta comunidad, principalmente habitada por afrodescendientes y donde la coca fue durante años el principal sustento económico, la apicultura empieza a ganar terreno, sobre todo entre mujeres organizadas.
Fátima, de 37 años y de 1,70 metros, es parte de este cambio y ocupa su mañana de un sábado de marzo para limpiar sus cajas de abejas. Ella y otras 16 personas, en su mayoría mujeres, decidieron incursionar en la crianza de abejas hace unos ocho meses. Aunque recuerda que sus anteriormente su familia también producía miel; de niña veía a sus “tíos” trasladar cajones donde estaban las colmenas.
Rita Zabala, 46 años y que acompaña a Fátima en la limpieza de la colmena, recuerda que, tras la Reforma Agraria de 1953, cuando los patrones se vieron obligados a distribuir las tierras, el manejo de la coca no era sencillo, por lo que muchas familias optaron por la producción del café, que era más fácil de producir y tenía mercado. Pero ello cambió, en 2025, cuando se incrementó el precio de la hoja verde.
“Ahora, para la coca ya tienes un carnet, ya tienes una casa donde vender”, afirma Rita.

Fátima y Rita Zabala realizan limpieza de las colmenas. Fotos: Alexandro Fernández.
En sus inicios, Tocaña se caracterizó por la producción cafetalera, cuando la coca tenía poco valor y el grano se cultivaba a gran escala. Pero, con la caída de su precio, las familias se volcaron a la hoja milenaria, cuyo valor también es inestable. Por ello, comenzaron a diversificar su producción.
“Si no tienes esto, tienes otro”, dice Fátima señalando a las cajas de abeja.
Un informe de la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (2024) afirma que en Nor y Sud Yungas predomina el monocultivo de coca. Asimismo, el Plan Municipal de Fomento a la Producción Ecológica de Coroico (2019-2024) advierte que este cultivo desplazó al café y que, aunque existe diversidad productiva, la agricultura convencional depende de agroquímicos e insumos tóxicos importados, especialmente en monocultivos como la coca.
Cáritas Coroico impulsa proyectos productivos en café, miel y palta, promoviendo la participación de al menos un 50% de mujeres en grupos comunales de 10 a 20 familias, explica el técnico Richard Agramont.
Con más de una década en la región, Agramont resalta que la institución evita que estas iniciativas entren en conflictos con el cultivo de coca y, en cambio, se apuesta por diversificar la producción familiar con alternativas complementarias.
Cáritas Coroico impulsa un proyecto de apicultura que beneficia a 120 familias en ocho comunidades de este municipio, con asesoramiento integral y enfoque de género.
El equipo de Fátima Zabala es uno de los beneficiarios, que se conformó en agosto de 2025 con 15 mujeres y dos varones, quienes desde entonces iniciaron el manejo de colmenas y la crianza de abejas.
Otra de las beneficiarias, es Nilza Aliaga, quien comenzó en este rubro hace dos años en la comunidad Glorieta. Ella también lidera un equipo de 19 mujeres que participan en las capacitaciones de Cáritas. Aunque, Nilza ya contaba con una base en el cuidado de abejas, heredada de su padre, productor de miel, ahora fortaleció sus conocimientos.
Nilza sabe que en época de lluvias las abejas no salen de la colmena, por lo que es necesario alimentarlas —“azúcar con limón para que sigan trabajando”—. También cuenta que es importante cultivar paltas, café y cítricos, ya que su floración les permite producir polen.
En época de lluvias las abejas descansan y requieren cuidados; el manejo inicia entre marzo y abril, junio es de mantenimiento y la mayor producción se concentra entre agosto y octubre.
“En un año, sin lluvias y no mucho sol, se logra obtener como un balde de 20 litros”, dice. Según sus cálculos cada seis meses obtendría 25 kilos una caja de colmena, cada kilo cuesta 40 bolivianos por cantidad, pero, si la venta lo hace individualmente llega a costar 70 bolivianos.
Entre la miel y la coca
Agramont explica que, en 10 años, la apicultura impulsó cambios en los hábitos productivos. La coca es un cultivo de todo el año y demanda un trabajo intenso. Ante ello, las familias ven en la miel y la apicultura y al café opciones más manejables y rentables.
“En la producción de coca uno tiene que estar doblada 24/7, de lunes a viernes, bajo el sol; al final uno se estresa y se enferma, y se da cuenta que tampoco se gana tanto”, cuenta Nilza, quien tiene tres cajas de colmenas.

Las abejas producen miel dos veces al año. Foto: Alexandro Fernández.
La productora afirma que las condiciones laborales y el clima desfavorable afectan la producción de coca: la lluvia y la falta de sol deterioran la hoja, reducen su calidad y precio, y obligan al uso de secadoras, lo que implica más costo y tiempo.
Por eso, ella optó por la apicultura como alternativa, una actividad que realiza los fines de semana, cuando se dedica al mantenimiento de las colmenas.
Pero otro factor que marcó cambios, fue la pandemia del COVID 19 que obligó a una cuarentena, por lo que los productores podían vender la coca para proveerse de otros alimentos, lo cual obligó a modificar su dinámica agrícola.
Si bien hay comunidades con predominio en el cultivo de coca, otras encontraron en el café y la miel alternativas económicas viables y sostenibles.
Agramont resalta que algunas comunidades se especializan exclusivamente en miel o café. Asegura que la apicultura es un espacio de aprendizaje e ingresos que, aunque no iguala a los de la coca, se presenta como alternativa ante el uso de químicos y la caída de precios.
Rita afirma que dejar la coca no es viable por la baja producción y falta de mercado de otros cultivos, por ello, opta por combinar con productos como la palta o plátano para equilibrar su economía.
Ella considera que, si el Gobierno u otra persona quiere que se deje de producir coca, tendría que garantizar un mercado para vender otros productos. “Tenemos un mercado de coca. Sería genial si tendríamos un mercado específicamente de café, miel, cacao o plátano”, afirma.

Cielo Torres muestra una de las colmenas. Fotos: Alexandro Fernández.
Crianza de reinas
Para la reproducción de las abejas se requieren reinas, únicas hembras fértiles y esenciales para la colonia. Por ello, hay una pareja que cría abejas reinas, Limber Nova, agrónomo especializado en apicultura, y Cielo Torres, graduada en Comunicación Social.
La pareja comenzó hace seis años con cinco colmenas y hoy tiene 50; con esa experiencia, Cielo y su esposo asesoran a mujeres apicultoras, crían abejas reina y comercializan miel y derivados. Cielo trabaja con Cáritas, que adquiere núcleos de abejas: “Nuestro emprendimiento es independiente, pero mantenemos ese convenio de ventas”, afirma.
Los mercados, un reto
Aunque están organizadas y buscan aumentar la producción con más colmenas, estas productoras enfrentan dificultades para acceder al mercado; actualmente, Nilza comercializa la miel de forma directa con consumidores de La Paz.
“De qué sirve que el grupo tenga 40 cajas de crianza de abejas si no tenemos dónde vender. Sería bueno, con el tiempo, dejar de producir coca, porque es bastante trabajo, nos quita tiempo, requiere esfuerzo, se tiene que limpiar y fumigar, no produce bien”, afirma Rita.
En esa línea, Nilza dice que dejar la coca no es viable ni con el café ni con la apicultura, ya que el primero se produce una vez al año y la hoja verde se cosecha cada dos meses. Por ello, junto a su grupo de 19 mujeres, proyectan fortalecer la producción de miel, con cosechas cada seis meses que alcancen al menos 100 kilos.
Cielo se enfoca en trabajar con las mujeres de Tocaña para impulsar la producción de miel y facilitar su llegada a distintos mercados del país. El objetivo es acopiar la producción para que generen mayores ingresos. “Nosotros compramos aquí y llevamos la miel a otros mercados de La Paz, siempre miel natural”, relata la la productora.
A futuro, proyecta la creación de un laboratorio para “marcar” y producir abejas reinas, además de fortalecer la cosecha y el envasado de miel a mayor escala. Su meta es consolidar un mercado fijo, ya sea en La Paz o fuera del país con su marca “Apícola Tocaña”.
Jabones con olor a miel
Las potenciales apicultoras no solo se orientan a la venta de miel, sino a productos derivados como jaboncillos, champú y jarabes. Pero también fortalecer los conocimientos sobre el manejo de las abejas reinas. Paralelamente, las mujeres de Tocaña tienen el plan de vender productos derivados de la miel, con un frasco se puede elaborar unos 50 jabones, lo cual también es un ingreso, asegura Cielo.
Fátima tiene claro que no solo se dedicará a la producción de miel, sino también a sus derivados, como el jaboncillo y la cera. Con el tiempo, considera la posibilidad de dejar la producción de coca, siempre que logre una buena producción.
Fátima y Rita terminan la limpieza de los dos cajones de colmena, se cambian y quedan listas para recorrer sus cocales bajo el sol intenso del mediodía, en Tocaña. Para ellas, el trabajo no se detiene, no hay descanso de fin de semana.
Portada: Fátima y Rita revisan sus cajones de miel. Foto: Alexandro Fernández.
Fotos y video: Alexandro Fernández.
* Esta investigación fue realizada con el apoyo del Fondo Concursable de la Fundación para el Periodismos (FPP) en el marco del proyecto Periodismo de Soluciones.