Agricultores del Illimani, afectados por el cambio climático

Por: Wara Vargas Lara

Las aguas producidas por el deshielo del nevado nutren la tierra de muchas generaciones de agricultores que viven ahí. Pero debido a la contaminación, el nevado presenta un derretimiento acelerado que afecta a los productores de las comunidades ubicadas en las faldas del nevado. Estas generan estrategias para regar y preservar las aguas pero no son suficientes.

Edición 23. Martes 20 de abril de 2021

La congestión de vehículos en el centro de la ciudad de La Paz genera mucho ruido en el ambiente. Hasta hace unos años era más fácil y rápido movilizarse de un extremo a otro, pero ahora los minibuses de transporte público están en todas las calles y crean congestión vehicular. En muchas horas del día, cada uno de estos motorizados tienen apenas tres pasajeros, pero aportan significativamente a la contaminación ambiental con la emisión de monóxido de carbono.

La congestión vehicular durante el trayecto de salida de la ciudad y viajar a la comunidad de Challasirca —ubicada en las faldas del nevado Illimani y en el municipio de Palca— es solo un ejemplo de cómo la urbe paceña aporta lentamente a que la nieve de este glaciar  se derrita de manera acelerada.

Según un estudio de la alcaldía de La Paz, durante el 2014, el sector del transporte genera mayor aporte a la huella de carbono (indicador ambiental que refleja la totalidad de gases de efecto invernadero) pues representa casi el 50% de las emisiones. Aún no hay datos para este 2021, pero seguramente esta cifra es mayor, por el aumento del transporte público y privado.

Viajamos cuatro horas al lado del río Choqueyapu —que en aymara significa ‘chacra de oro’— hasta llegar a la comunidad de Tahuapalca. Esta comunidad está ubicada en la parte más baja de uno de los pequeños ríos formados por el agua del deshielo del nevado Illimani.

Este sector es uno de los mayores productores de hortalizas, tubérculos, durazno y maíz de Palca y es el principal abastecedor de alimentos frescos de la ciudad de La Paz.

Subimos en dirección a la cima del nevado y pasamos por Lurgeta, Cachapalla, Cebollullo, Chañurani hasta llegar a Challasirca.  Todas estas pequeñas comunidades se alimentan del mismo caudal que baja de la montaña, por lo que estas y Cohoni —la población más grande de la región— crearon canales para que el agua de ese río llegue a sus tierras productivas.

Remigio Quispe, dirigente de Challasirca, recuerda que en 1981 el nevado estaba más cubierto de nieve y esta se podía ver muy cerca de las comunidades. Ahora, 40 años más tarde, cuenta que el manto blanco está cada vez más lejano gracias al cambio climático.

“Este lugar era frío antes. Ahora ya es caliente, ya ha cambiado. El clima de Cebollullo ha subido aquí, a Challasirca. En noviembre y septiembre hace ya mucho calor”, afirma Remigio. 

Challasirca antes solo producía papa porque su clima frío solo le permitía esa siembra. Ahora, que la temperatura ha cambiado, puede producir choclo, cebolla, durazno, lechugas y todo tipo de hortalizas que antes solo daban en las poblaciones más bajas como Tahuapalca, Lurgeta y Cebollullo.

Un mismo caudal para todas estas poblaciones es un gran reto que ellos mismos generaron con el aumento de la producción y el mayor uso de terrenos para cultivo, que antes no lo eran.

El incremento de la producción y el mayor uso de terrenos ocasionaron que varios cultivos se alimenten de una misma fuente de agua y esto es un gran reto para las poblaciones.

Los árboles de duraznos en medio del cerro hacen que nos sintamos en un valle de Cochabamba, pero continuamos en Challasirca. Allí Eva Limachi, nacida en esta comunidad, cultiva estos frutos.

“Ahora hay agua porque es época de lluvia también, pero desde junio hasta casi noviembre hay poca y no se puede abastecer para todos los cultivos”, comenta la productora.

Ante este mismo problema, que se repite en las poblaciones bajas, los agricultores se ven afectados porque, como deben compartir un mismo caudal, deben organizarse para regar los cultivos organizándose por horas y días. Néstor Callapa relata que esta práctica se la realiza hace varios años.

Él piensa que hay que crear una gran represa para que el agua de la época de lluvia se almacene, para las épocas bajas.

“El agua se está perdiendo. Y pocos en mi comunidad han hecho pozos para almacenar, igual se necesitan pozos más grandes. Necesitamos que el gobierno nos ayude con algún proyecto”, dice Néstor.

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) explica que el aumento de la temperatura atmosférica generó una aceleración del retroceso de los glaciares del Illimani. En los últimos 46 años el nevado perdió, aproximadamente, el 21,3% de su superficie a una velocidad promedio de 47 centímetros por año.

Ante esta situación, muchos comunarios se preguntan cómo enfrentar el problema del derretimiento acelerado del Illimani y evitar que las aguas del deshielo se desperdicen.

Rosa Blanco es una de ellas, quien está preocupada por el futuro de sus hijos, cuando ya no haya agua. “La gente comenta que lo que se viene es un castigo de Dios, algo estamos haciendo mal”, comenta Rosa.

Las manos de Abel hijo de Rosa muestran el agua transparente que baja del Illimani. Esta es solo una de los miles de vertientes que nutren las tierras de muchas familias de agricultores.

La acelga es un producto que antes no se producía en la comunidad de Challasirca. Antes su clima solo les permitía cultivas papa.

Josué hijo de Rosa junto a su prima, ayudan a cultivas las acelgas y cuentan que hace tiempo fueron a ver la nieve del Illimani y pudieron ver llamas. A su corta edad todavía no entienden que esta pasando con el nevado.

Rosa Blanco en su cultivo de acelgas. “Estos días ha granizado mucho y se ha arruinado mis acelgas. Las hojitas un poco se han roto. Las personas en la ciudad no compra si está roto un poquito. Grave son, si está bien igual para comer”, comenta.

Néstor Callapa con su caballo que le ayuda a sacar sus productos a los caminos por donde pasa el camión que va a la ciudad de La Paz.

Abel el hijo de Rosa, tomando agua en una de las vertientes que van a los cultivos de sus padres.

Remigio Quispe, dirigente de Challasirca, posa en su terreno. “Necesitamos tuberías. Ahí cerca al Illimani grave hay vertientes, pero se pierde nomas el agua se va. Con tuberías podemos traer más agua y almacenar”, comenta.

Los cebollines son el producto que más se cultiva en esta región, porque casi todo el año se puede sembrar.  

Eva Limachi en los cultivos de durazno dice que la “falta agua desde junio y julio seco ya es poca agua baja”.

Agricultor de Tahuapalca muestra como los choclos que no tienen agua suficiente no pueden llegar a crecer bien. 

*Este trabajo fue realizada en el marco del Fondo de apoyo periodístico Crisis climática 2021, que impulsan la Plataforma Boliviana Frente al Cambio Climático (PBFCC), Comunidad en Acción y la Fundación para el Periodismo.


Wara Vargas Lara
Wara Vargas Lara

es fotógrafa boliviana. Lleva 15 años como fotoperiodista. Actualmente es parte de la comunidad de exploradores latinos de National Geographic y es periodista freelancer para New York Times.