El cóndor: en peligro un ave dominante de la carroña y de lenta reproducción

Por: Aleja Cuevas

Esta especie, con sus 15 kilos, puede arrastrar a una carroña de hasta 100 kilos; tiene una función determinante en el proceso de descomposición de animales muertos.  A la vez es mensajero de malos y buenos augurios. Con la masiva muerte de los 34 cóndores en Tarija, se eliminó el 2% de su población, por lo que se considera un impacto catastrófico para esta ave.

Edición 19, 22 de febrero de 2021

Fotos: Gabriela Villanueva.

Cuando un cóndor de plumaje de color negro desciende de un cerro anuncia la muerte de un familiar o un vecino, pero si es de alas blancas pronostica lluvias para una buena producción. Así son sus mensajes de esta ave, comenta Modesto Usnayo, un comunario del valle del municipio de Palca, del departamento de La Paz. Pero esta especie no solo revolotea en el cielo para predecir, también lo hace para ser el primero en encajar su pico en la piel de una carroña.

El cóndor andino es inherente a Bolivia, no solo es un símbolo dentro del escudo, es transversal en la cultura aymara y cumple un rol ecológico y determinante como ave carroñera.

A diferencia de Ecuador y Colombia que tienen censos nacionales, el país solo realizó un conteo que estima la existencia de 1.400 individuos, explica Diego Méndez, biólogo, investigador asociado al Museo Nacional de Historia Natural y coordinador de Aves Rapaces en Bolivia – Programa de Investigación.

Esta especie, cuya presencia está en 14 áreas protegidas de Bolivia, se vio diezmada tras la muerte de 34 cóndores, cuando la tarde del 5 de febrero, la Policía Forestal y Preservación del Medio Ambiente (Pofoma) reportó el deceso de aves en la quebrada del municipio de Cercado, Tarija. Informes preliminares apuntaron a un envenenamiento.

Para Méndez, con la masiva muerte de los 34 cóndores, se eliminó el 2% de su población. Y, si se realiza una comparación de este porcentaje en los humanos, la pérdida sería de 220 mil personas, teniendo en cuenta que hay 11 millones de habitantes. “Entonces, nos daríamos cuenta cuál es el impacto en la población, es enorme, catastrófica”, afirma Méndez.

El envenenamiento no es la única amenaza actual para el declive de esta especie, también está la degradación del hábitat, la caza furtiva, la reducción de carroña, el uso de sus plumas en actividades folclóricas. Las otras amenazas potenciales son: la intoxicación por plomo y mercurio, la colisión con tendidos eléctricos y la colisión con turbinas eólica, apunta en su diagnóstico el Plan de Acción para la Conservación del Cóndor Andino (Vultur gryphus) 2020-2030.

Actualmente, el cóndor está en la categoría “vulnerable de extinción”, pero tras el caso de Tarija, en criterio de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (IUCN),  podría ser recategorizado a “mayor riesgo de extinción”.

“Lo perderemos más rápido, incluso, en 50 años ya no quedarían cóndores. El escudo Nacional quedaría como una paradoja”, destaca Méndez.

Su rol de controlar la carroña  

De acuerdo con el biólogo Méndez, estudios recientes revelan que, al menos en Bolivia, el cóndor es la única ave rapaz carroñera que aprovecha por completo una carcasa de vaca o caballo, pues su pico está totalmente adaptado para ello y la fuerza en su cuello y espalda permite desgarrar el cuero de animales grandes para así ingresar a sus cavidades. Esta acción permite que las especies más pequeñas aprovechen los hoyos como el ojo y la boca del cadáver.

“Si no están los cóndores, esa vaca se descompone sin ingresar al círculo de la carroña o de descomposición (puede generar enfermedades)”, reitera el investigador, quien fue testigo de que esta ave arrastró de un jalón el cadáver de un burro, que pesa entre 80 a 100 kilos, cuando el cóndor solo pesa hasta 15 kilos.

Por lo tanto, con la muerte de 34 cóndores por envenenamiento se eliminó a una especie clave en el uso de restos, que si no habría cóndores sería evidente que se llenaría los ecosistemas de carroña y si ésta no se dispone, todo empieza a fallar.

“Es una especie clave y piedra angular en el uso de carroña en esta parte de los Andes, en Bolivia, eso no se había dicho antes (…), pero además cuán frágil y muy vulnerable es si se contrasta con el hecho de que el cóndor, así, tan imponente y majestuoso  puede ser víctima fácil del envenenamiento”, resalta Méndez.

El macho desarrolla mayor instinto paternal con el pichón

En Bolivia se desconoce el periodo reproductivo del cóndor; sin embargo, se sabe que en la época de verano es cuando eclosionan los huevos y salen los pichones. Los estudios en Argentina y Colombia sobre los nidos de estas aves develaron que ambos padres empollan, atienden al pichón y proveen de comida.

Para la vicepresidenta de la Asociación para la Conservación de las Aves, Anahí Paca, la particularidad de esta ave rapaz es que “tarda” para ser una especie reproductiva y que el cuidado parental y la búsqueda de alimentos se extienden hasta que alcanza su independencia.

Una pareja de cóndores en el Parque Nacional Torotoro, Potosí. Foto: Gabriela Villanueva.

Méndez explica en la población de aves rapaces la muerte de un cóndor adulto es más sensible, porque está en la fase de reproducción, en el caso de los 34 individuos envenenados, el 50% era adulto, entre ocho y más años. El otro porcentaje fue clasificado en tres categorías: inmaduro uno, juveniles de seis meses a cuatro años;  inmaduro dos, entre cuatro y cinco años; e inmaduro 3, de cinco a ocho años. Del total, la mitad, era macho y la otra, hembra.

“Se reproducen lento la mayoría de las aves rapaces grandes. Entonces, esa es la adaptación que ellos viven mucho tiempo y cuando son adultos realmente no tienen muchos predadores”, apunta el biólogo.   

Las estudios que se realizaron en Bolivia apuntan a que el macho, en general, es quien desarrolla más un instinto paternal; la hembra aporta en el cuidado, pero el padre es quien empolla por más tiempo y cuida más al pichón. Ambos son proveedores de alimento, aunque el macho, por su tamaño puede pelear por mayor cantidad de alimento. Los polluelos permanecen junto a sus padres por 14 meses y a partir de los 12 años, recién, ingresan a la edad reproductiva.

La monogamia en la pareja de cóndores es otra de las características que llama la atención, dijo Jiménez. Este aspecto obedece a una estrategia, ya que si  mantienen un vínculo sexual exclusivo no necesitan invertir en la búsqueda de nuevas parejas para cada época reproductiva, ya que es un gasto energético para estas aves, sus despliegues y cortejos. Por lo tanto, es un ave fiel y permanece unida de por vida.

“Los cóndores una vez que forman la pareja, cuando llega la época reproductiva, simplemente afianzan ese vínculo que tienen y hacen despliegues y demás cortejos, pero no en la medida de que tenga que pelear por una nueva pareja o buscar una nueva pareja y esa es parte de la atracción”, describe el biólogo.

A diferencia de los mamíferos como el humano que solo pueden procrear hasta cierta edad, la pareja de cóndores, una especie longeva, puede reproducir muchos años. Los cóndores pueden vivir en cautiverio, incluso, hasta 80 años y en vida silvestre muy probable hasta los 50 años.  

El programa de Investigación de Aves Rapaces en Bolivia y Museo nacional de Historia Natural retomará el trabajo del Plan de Acción para la Conservación del Cóndor Andino (Vultur gryphus) 2020-2030, que fue trabajado por Ministerio de Medio Ambiente y Aguas (MMAyA), cuatro instituciones y una organización internacional.

El documento incluye, según Méndez, la conservación sostenible del cóndor a partir de la habilitación de sitios donde se pueda observar a esta ave, para ello será necesario evaluar los posibles lugares sin causar impacto en el lugar del hábitat.

“El cóndor es un recurso natural y estratégico, y, es lógico, si no hay cóndores no hay negocio, se tiene que hablar de su manejo, cómo es que se puede aprovechar este recurso que es tan frágil; con el manejo viene la conservación”, finaliza. 

Con la implementación de este plan, el país recién se sumará a una estrategia sólida para conservar a los cóndores que países como Ecuador, Chile, Colombia y Argentina la tienen hace muchos años.


Aleja Cuevas trabajó como redactora en tres medios impresos: La Prensa, Página Siete y La Razón. Fue ganadora de segundo lugar del Premio de Reportaje sobre Biodiversidad 2011, de Conservación Internacional con el reportaje “La Laguna Colorada agoniza”, publicado en La Prensa.
Aleja Cuevas trabajó como redactora en tres medios impresos: La Prensa, Página Siete y La Razón. Fue ganadora de segundo lugar del Premio de Reportaje sobre Biodiversidad 2011, de Conservación Internacional con el reportaje “La Laguna Colorada agoniza”, publicado en La Prensa.